Censura sí, pero se espera cambio

Este martes comienza el debate de la tercera moción de censura de nuestra democracia. Esta vez ha sido promovida por 35 diputados de Unidos Podemos. Las dos anteriores, en 1980 y 1987, tuvieron consecuencias bien diferentes para sus promotores y para los presidentes “censurados”. Veamos algunas ideas sobre la que nos toca presenciar en 2017.

Resulta paradójico que la moción de censura haya sido tan poco utilizada en un sistema parlamentario como el nuestro. Bien haríamos aprovechando la ocasión en analizar una posible reforma de esta herramienta constitucional, habida cuenta de que el pluralismo y la consecuente fragmentación del Parlamento han venido para quedarse por un tiempo en nuestro sistema democrático. Censura e investidura son dos caras de la misma moneda.

A la espera de lo que ocurra en el debate y la votación, parece totalmente descartado que la moción pueda salir adelante. La duda final está en el número de apoyos que concitará el candidato a presidente, Pablo Iglesias, y el sujeto de censura, el presidente Rajoy. Parece que Unidos Podemos solo obtendrá 80 votos a favor (Unidos Podemos, ERC y Compromís), mientras que el “no” alcanzará no menos de 170 (PP, Ciudadanos UPN, Foro de Asturias y Coalición Canaria). Por el contrario, PSOE, PdCAt y PNV parece que se inclinan más por la abstención.
La estrategia seguida por Unidos Podemos desde el registro de la moción el pasado 19 de mayo ha sido zigzagueante. La sombra de la injerencia en el proceso interno del PSOE que finalizaba el día 21 de mayo, la convocatoria de la concentración en la Puerta del Sol al día siguiente (que no cosechó el éxito deseado), la continua filtración de globos sonda en forma de posibles candidatos de la sociedad civil para atraerse apoyos a la iniciativa, y los confusos, y por momentos contradictorios, mensajes de sus portavoces en torno a los motivos de fondo para su presentación han trazado un sendero repleto de brumas y demasiados interrogantes. Puede ser un movimiento brillante en el tablero o una huída hacia adelante, ya veremos.

En palabras de Iglesias, los objetivos principales pasan por exigir responsabilidad al Gobierno, evidenciar que Rajoy no tiene 175 votos que le apoyen en el Congreso y ayudar a mostrar al PSOE que es posible presentarla y ganarla. Pretende reflejar en última instancia que esta moción es un deber ético y un clamor social, apelando de nuevo a la supuesta superioridad y madurez de la sociedad (la calle) sobre el Parlamento (las instituciones).

Soy de los que piensa que el Gobierno de Rajoy debe ser censurado, pues acumula en su debe enormes responsabilidades en torno a la corrupción y al uso partidista de las instituciones democráticas. Pero solo hay dos formas de conseguirlo y provocar un cambio (censura en positivo): o ganar en las urnas al Partido Popular o conformar una mayoría parlamentaria alternativa. Unidos Podemos ha creído conveniente presentarla, y los analistas debaten sobre las distintas razones detrás de la decisión: desde la necesidad de dar sensación de poder, pasando por la batalla de la imagen para recuperar el deteriorado liderazgo de Iglesias (comparte con Rajoy la más baja valoración de los líderes por parte de los ciudadanos).

Pero dudo de todas ellas, y mucho menos que esto vaya a afianzar la figura política de Iglesias, un político brillante en la oratoria y excelente en la dialéctica, y posiblemente uno de los diputados actuales con mejor formación intelectual y académica. Pero eso no basta para ser presidente de un Gobierno, ni tan siquiera es condición necesaria. El liderazgo político y la condición de presidenciable exigen también otras habilidades, curiosamente más mundanas.

El presidencialismo y el cesarismo de quienes han gobernado ha sido la norma
La moción de censura refleja más una necesidad perentoria de Podemos no solo por ocupar espacios en los medios y protagonizar los debates en las redes sociales, sino por seguir respirando. Nació y echó a andar en modo de cuasi-estado de excepción y solo en ese estado es capaz de ejercer la política, más allá de si esta se desarrolla en el adentro (Parlamento) o en el afuera (calle). Necesitan mantener a su gente activa, pero eso agota, y a veces incluso “rebota”. No sé si puedes exigir a la gente estar en un permanente estado de revista revolucionaria.

Polarizar con el Gobierno del PP puede ser bueno para dar sensación de alternativa, pero hay que tener cuidado con la dosis no sea que acabes obteniendo el resultado contrario. En la moción de censura de Podemos contra Cifuentes en la Asamblea de Madrid del pasado 8 de junio pudimos ver a un partido al borde de quemarse a lo bonzo en su intento de derrotar a su rival, demostrando bisoñez y falta de madurez. El PSOE parece estar siendo más inteligente colocándose como rival del PP sin consumir todas sus fichas. Puede acabar marcando los tiempos del qué y el cuándo, y recogiendo los frutos de los árboles que ha movido Podemos. Veremos qué sendero transita “el nuevo PSOE” de Pedro Sánchez. El PP, mientras tanto, ha tomado buena nota del ensayo que supuso el debate en la Asamblea de Madrid y sabe que puede encontrarse (a pesar de sus declaraciones, o precisamente por ellas) ante un punto de inflexión en el devenir de la legislatura. Si Rajoy finalmente interviene puede ser una mala noticia para Podemos. Y no solo por las tablas parlamentarias del presidente.

En cualquier caso, sea cual sea el resultado, cada vez es más evidente la necesidad de otras formas y otros fondos. En España, a pesar de su sistema nominalmente parlamentario, el Ejecutivo ha ocupado todos los espacios de la vida política, y el presidencialismo y el cesarismo de quienes han gobernado ha sido la norma. La actual composición plural del Parlamento refleja un mandato popular del que parece que nadie quiere oír hablar: acuerdo, consensos, pactos. Solo así se conseguirá gobernar España en la próxima década. Ya no veremos ni mayorías absolutas, ni asaltos a los cielos, ni victorias apelando a días idílicos de un partido que protagonizó una hegemonía social. Quien sea capaz de conjugar sus propuestas y estrategias con esta máxima, tendrá mucho ganado. Este martes podemos comenzar a ver quién puede y quién no.

Una moción de censura triunfa, más allá de la aritmética, cuando empatiza con un sentir general, sí, pero sobre todo cuando suma más allá de la ortodoxia de las filas de tus incondicionales. El pluripartidismo que ha decidido la ciudadanía con su voto es lo que tiene.

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