Moción de censura madrileña en clave nacional

Cualquiera que haya vivido de cerca la política madrileña sabe que en multitud de ocasiones se juega más en clave nacional que en clave regional. El centralismo en el que vive España hace que Madrid sea el eje sobre el que pivotan todas las líneas de AVE y las grandes carreteras y que, además, sus instituciones locales sirven como incubadora o simulador de lo que podría suceder a gran escala. En no pocas ocasiones, también hemos visto cómo servía de lanzadera para muchos políticos que pretenden dar el salto a la esfera nacional.

Foto de Javier Garbancho vía El Mundo

Por ese motivo no ha sorprendido a nadie que Podemos presentara una moción de censura a Cristina Cifuentes con fechas muy cercanas a la que ha presentado en el Congreso de los Diputados para censurar a Mariano Rajoy (moción que se debatirá el próximo 13 de junio). La consecuencia más visible ha sido la necesidad de elaborar con gran urgencia una programa de gobierno alternativo para la Comunidad de Madrid que hoy la portavoz en la Asamblea y candidata a la Presidencia, Lorena Ruíz-Huerta, ha desgranado en el Pleno en un discurso demasiado largo, falto de brillo y ciertamente tedioso.

Pero analicemos un poco más en profundidad. Toda acción política tiene una secuencia, tal y como explicaba José Luís Álvarez en una Tribuna de El País, que en nuestro caso nos ayudará a explicar y analizarla.

 

OBJETIVO

Esta ha sido una de las cuestiones más comentadas en los análisis previos y posteriores a la moción. ¿Cuál era el objetivo de Podemos presentando una moción de censura en la Comunidad de Madrid? ¿Desgastar al ejecutivo de Cifuentes y a la propia Presidenta? ¿Arrinconar a Ciudadanos y anular al PSOE? ¿Denunciar la corrupción en la Comunidad de Madrid? En realidad no. Todos esos son objetivos secundarios, incluso formarían parte de una estrategia para algo más importante. Lo que Podemos se propone es gobernar la Comunidad de Madrid. Pero no ahora. Lo que Podemos quiere es llegar a 2019 en condiciones de formar un tándem fuerte con una candidatura en el Ayuntamiento de la capital que les permita gobernar en una de las regiones más importantes del país y, hasta el año pasado, uno de los bastiones fuertes (junto con Valencia) del Partido Popular. Para ello el partido que ahora dirige Ramón Espinar tiene que conseguir antes una serie de objetivos previos, igual que en un videojuego, en el que no puedes pasar de pantalla hasta haber superado una serie de desafíos y pruebas. Esos objetivos van, desde lograr situarse como una alternativa de gobierno en la moción de censura, pasando por anular políticamente al PSOE, hasta crear el clima que permita el desembarco (pactado) de un Íñigo Errejón que ya trabaja su perfil más castizo.

En la primera parte del debate hemos podido ver parte de esto, aunque quizá en distinto orden. Ciertamente, Podemos no ha conseguido situarse como alternativa de gobierno durante la exposición de la moción de censura. Ramón Espinar ha hecho un discurso más tranquilo de lo que nos tiene acostumbrados, de algo más de 45 minutos en los que, en parte, ha planteado parte del programa de gobierno que debía exponer más tarde la candidata, Lorena Ruíz-Huerta. Pausar el tono le ha permitido rebajar la intensidad del discurso que llevaba varias semanas en su punto álgido. Se esperaba, por contraposición, que Ruíz-Huerta hiciera un discurso mucho más agresivo, como también es su costumbre, elevando más de la cuenta el tono de voz, gesticulando vehementemente, etc. Sin embargo, imagino que en un intento de parecer más presidenciable, ha procurado también rebajar el tono, hacer un discurso más pausado, desgranando cada detalle del programa de gobierno. El resultado han sido algo menos de dos horas de discurso ciertamente soporíferas. No ha existido ningún tipo de graduación para remarcar los puntos álgidos del discurso y ha quedado todo mezclado en una extraña amalgama de la que era difícil escuchar más de cinco minutos seguidos. En cuanto a Errejón, ha acudido como público a la Asamblea, aunque quizá este no haya sido el desembarco que esperaba, dado que también se ha llevado algún que otro rapapolvo desde la tribuna, cuando Ángel Garrido lo ha comparado con Monica Lewinsky.

 

ESTRATEGIA

Para conseguir desbloquear todos los niveles del juego y llegar al palacio de la Puerta del Sol, Podemos necesita diseñar una estrategia sólida. Como no existe la posibilidad de ver el futuro, lo más sensato en este caso será hacer una aproximación o, si lo prefieren, una breve explicación de la estrategia que yo adoptaría si me encontrara en esa situación.

Como decíamos antes, en Madrid se juega en lo regional pero a veces también se juega en lo nacional. Teniendo en cuenta esto, no podemos olvidar que Cristina Cifuentes ya ha sonado en más de una ocasión para suceder a Mariano Rajoy al frente del PP nacional y, al igual que sucedió en el PP de Madrid con la llegada de la actual Presidenta, el cambio de un Mariano Rajoy salpicado por la duda de la corrupción e incapaz en apariencia de dar explicaciones ante los medios de comunicación por una Cristina Cifuentes hasta la semana pasada con un historial inmaculado y un estilo de hacer política mucho más fresco podría ser lo mejor que le ha pasado al Partido Popular en muchos años.

Al mismo tiempo, Cifuentes no ha tenido rival en la Asamblea de Madrid pese a que no ha desarrollado un programa político especialmente novedoso. Los errores de sus adversarios, con riñas internas a cuchillo o líderes demasiado discretos, le garantizaban un horizonte tranquilo para los próximos dos años en los que no habría necesitado despeinarse demasiado.

Por eso, mi primer paso sería, y así creo que ha intentando hacer Podemos en el debate de hoy, ensuciar esa imagen todo lo humanamente posible. Los escándalos de corrupción del Canal de Isabel II, la Operación Lezo y el reciente informe de la OCU han puesto (en comparación con otros casos dentro de su propio partido) una pequeña mota de polvo en su inmaculado expediente.

Si mediante la táctica de proclamar a los cuatro vientos que Cristina Cifuentes es igual que lo que ella misma ha denominad como “el viejo PP” y cala aunque sea un pequeño atisbo de duda, marcas un tanto en dos frentes: el regional, al poner contra las cuerdas mediáticamente hablando a una presidenta que hasta ahora no había necesitado esforzarse demasiado, y el nacional, sembrando la duda sobre una de las posibles sucesoras de Rajoy y uniéndola por contagio a todo un elenco de supuestos corruptos. De ahí la dureza del discurso de Ramón Espinar en primer lugar, que durante gran parte de su discurso no ha mirado al hemiciclo, sino a la Presidenta; y en segundo lugar, aunque con menos acierto, Lorena Ruíz-Huerta.

Como decíamos antes, la segunda parte de la estrategia y, por tanto, un objetivo previo, es situarse como una opción de gobierno, tema que ya hemos comentado previamente.

El último paso sería aprovechar el pistoletazo de salida que supone la moción de censura para comenzar ya la campaña de 2019. Habrá que esperar, al igual que sucede en un debate electoral, a que termine la sesión para comprobar qué sensaciones quedan. En estos casos son casi más importantes los mensajes que se lanzan una vez terminado el debate que lo que se ha dicho durante el debate: si el candidato o el partido se sitúan como claros vencedores cuando esto no ha quedado claro durante la sesión, el primero que imponga su relato, muchas veces a base de repetir y de ser el más rápido en comparecer ante los medios, será el que la opinión pública tenga como ganador.

 

TÁCTICA

No podemos hablar de una única táctica en esta moción de censura. De hecho, para mi la moción en sí es una táctica para un objetivo más ambicioso. Aunque sí podemos diferenciar algunas muy claras.

En primer lugar, tanto Espinar como Ruíz-Huerta han querido sacar el máximo partido de los informes de la OCU que defendían que Cristina Cifuentes había incurrido en una incompatibilidad. Ambos han aprovechado que la Presidenta de la Comunidad compareció la semana pasada ante la comisión de investigación de la Asamblea en un tono nervioso y a la defensiva para seguir arrinconándola como un púgil que encuentra el punto débil de su rival. Se han servido también de los múltiples casos de corrupción que tiene abiertos el Partido Popular de Madrid para destacar que Cifuentes lleva 27 años formando parte del partido y de la Asamblea y que, precisamente por ello, era imposible que no supiera lo que pasaba.

Por último, Podemos ha intentado ocupar el espacio que le ofrecen los medios de comunicación con esta moción de censura para colocar su mensaje. Aquí existe a mi parecer un problema y es que, al estar tan cerca de la que se va a debatir en el Congreso de los Diputados las próximas semanas, aunque efectivamente de la sensación de formar parte de un movimiento global, la sensación a nivel comunicativo y periodístico es que todas las conversaciones giran en torno a la moción de censura “más importante”, comiéndose parte de la enorme repercusión mediática que podría haber tenido de haberse presentado con más margen de tiempo o, incluso, después, como consecuencia y no como un ensayo general.

En definitiva, creo que habrá que esperar algunos días para comprobar los efectos de esta moción de censura. A priori no parece que Podemos haya conseguido crear un gran efecto de “presidenciable” alrededor de su candidata o de su proyecto, pero sí cabe la posibilidad de que, según pasen los días, Cristina Cifuentes pueda ver cómo su perfil se desgasta. Dependerá, en gran medida, de si siguen apareciendo informaciones que la colocan en el ojo del huracán.

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