“¿Aquí está la izquierda?” Artículo de Agustín Baeza en bez.es

Pedro Sánchez, tras su victoria en las primarias del PSOE // Reuters – Sergio Pérez

Publicado en: bez.es el 25 de mayo de 2017 

“Aquí está la izquierda”. Fue la frase más repetida por Pedro Sánchez durante la campaña de primarias y en la noche del 21 de mayo, junto al “No es No”. Una declaración de intenciones que tiene que poner en valor a partir de este momento. Pero, ¿hasta qué punto lo conseguirá?

Se han vertido ríos de tinta acerca de la crisis de la socialdemocracia, del advenimiento de una nueva izquierda, del momento populista que vive Europa y de cómo enfrentar la triada globalización-neoliberalismo-austeridad. Sin embargo, hay más interrogantes que respuestas a lo que nos deparará el futuro.

El progresismo sigue buscando en cada país su fórmula mágica para salir del atolladero. No parece que funcione muy bien la apuesta de la socialdemocracia por girar a la izquierda, como bien conocen en Reino Unido o Francia. Ni quedarse donde siempre, como le está pasando al SPD alemán. Tampoco terminan de ser exitosas estrategias basadas en la hipótesis populista como puede ser el caso de Podemos en España, y otras fórmulas similares como la de Syriza en Grecia.
Sin embargo, encontramos un Gobierno en minoría del Partido Socialista en Portugal, apoyado por comunistas y el bloco de izquierdas que no solo cumple con Bruselas sino que gestiona mejor su economía según apuntan todos los datos. ¿Sabrán PSOE, Podemos y el resto de fuerzas progresistas llegar a acuerdos como en Portugal? ¿Es el Gobierno portugués un modelo a seguir?¿O simplemente es la excepción que confirma la regla?

Hay muchas esperanzas puestas en ello y varias piedras en el camino, la primera en la interna socialista. Cualquiera que conozca algo el PSOE sabe que no es la típica organización socialdemócrata a la europea. En el PSOE coexisten diversas tradiciones y culturas, lo que explica que, a pesar de su crisis, conserve un suelo electoral importante y, sobre todo, una estructura e implantación territorial que para sí quisiera Podemos. Cuando Zapatero decía que el PSOE era el partido que más se parecía a España era verdad. Esto ya no es del todo así, pero sigue sirviendo como un cierto placebo en muchos lugares. El PSOE en el fondo, es lo más parecido al peronismo argentino que uno puede encontrar por estos lares, salvado las enormes distancias que hay entre estos dos países.

No parece sencillo para Sánchez lidiar en ese escenario esgrimiendo la espada plebiscitaria en una organización con contrapesos internos que ya frenaron en su momento incluso al González más mesiánico. Tampoco se vislumbra cómo va a evitar las guerras que se van a suceder en las federaciones y agrupaciones, que pueden acabar incluso con algunos de sus gobiernos. Y por último, según se desprende de las primeras declaraciones de Susana Díaz, no parece que esté muy dispuesta a bajar las armas y consentir un cambio radical en dicho sistema de contrapesos.

Podemos ante sus horas más críticas

La otra clave estará en la actitud de Podemos. A estas alturas los dirigentes morados deberían saber que no es posible iniciar un nuevo proceso de transformación en el país sin establecer alianzas con los socialistas. Podemos puede encontrarse después de la victoria de Sánchez ante sus horas más decisivas, pues deberá decidir si quiere comprometerse de verdad con la gobernabilidad y el cambio político, mucho más lentos y posiblemente menos profundos de lo que esgrime en su ideario, o si sigue enarbolando la bandera de una hegemonía cada vez más difusa en el horizonte y jugando a la política en su videojuego particular.

Unos y otros deberán madurar para que este futuro esperanzador, construido más sobre materia de deseo que de realidad, sea factible. Los que siempre gobernaron, para aceptar que solos ya no pueden. Los que todavía no han gobernado para ser útiles de verdad y que sus éxitos que han revolucionado la política española pasen de los textos y las tertulias de politólogos a ser disfrutados por las personas de carne y hueso en sus propias vidas. Puede que nos encontremos ante la última oportunidad para que la izquierda española, los progresistas españoles o como queramos llamar a los que están enfrente del conservadurismo neoliberal y sus reencarnaciones (las etiquetas cada vez significan menos) asuman su responsabilidad.
Escuchamos estos días lamentos catastrofistas por la deriva del PSOE y alabanzas que añoran y confían en el regreso de sus grandes victorias de tiempos pretéritos. Pero poco se oye acerca del esfuerzo titánico que va a conllevar el coser las fracturas históricas, generacionales e identitarias de las distintas izquierdas y pactar un proyecto que triunfe electoralmente, regenere nuestra democracia y articule un verdadero proyecto transformador del país acorde con los tiempos que nos han tocado vivir. No se trata de ganar a la derecha, como si instalándose en el poder y ocupándolo ya se hubiera obrado el milagro. Se trata de saber gobernar, de superar el bloqueo político y hacer frente a desafíos de índole civilizatorios frente a los que nos encontramos.

La historia nos dice que la izquierda y el progresismo, con su eterno afán crítico en sus filas, han conseguido en pocas ocasiones cerrar filas en torno a un proyecto de cambio político basado en la unidad de acción. Y sin embargo esa es la esperanza que albergan millones de ciudadanos españoles que quieren mejoras en sus vidas cotidianas. ¿Estarán PSOE y Podemos a la altura de este momento? ¿Y si no lo consiguen?

En Francia el llamado establishment (y muchos ciudadanos franceses, que a veces se nos olvida) han encontrado en Macron una salida, puede que momentánea, al auge de la extrema derecha y el discurso de más izquierda y más pueblo. La sensación en España es que, al margen de que hayan cristalizado cuatro organizaciones en la mayoría del cuerpo electoral, la mayoría social cada vez ve más ajena a sus intereses las interioridades orgánicas, con sus derivas caudillistas, de filias y fobias, incomprensibles para una ciudadanía harta de esperar.

Si las organizaciones vuelven a defraudar, no descarten que se inicie en España la búsqueda del “Macron progresista” ahora que parece que las estructuras tradicionales de los partidos cada vez representan menos y el carisma de una figura parece obrar milagros electorales. No deja de ser una paradoja que uno de los efectos colaterales del poder distribuido y la rebelión contra las élites esté siendo el advenimiento de nuevos hiperliderazgos cesaristas, fuera y dentro de las organizaciones. Hay muchos huérfanos cada vez más concienciados de la plausibilidad de esta alternativa. Parece que ya están en ello. Y no, no es Rivera el Macron español.

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